Juan de Dios Orozco López @ogazprotocolo
Llevamos meses - quizá años- ante una importante campaña para hacer caer al Rey y con el, la monarquía. Curiosamente este período de presión anti-monárquica coincide con la crisis económica y de honradez política que España viene padeciendo. No se trata de un contubernio judeo-masónico sino de la estrategia medida y oscuramente planeada para hacer una daño irreparable a la monarquía. La verdad es que a ese grupo de presión se han unido algunos desaciertos Reales y la actuación sinvergüenza y quizá delincuente -todavía no ha sido juzgado- de un mal yerno, ambicioso y mentiroso. Reconozco y conozco a republicanos de corazón que desde la intelectualidad y la razón vienen defendiendo sus ideas desde muy atrás. Los hay que hacen burlas gratuitas y facilonas que les desprestigian y hacen caer todo su argumentario anti monárquico Sé también de quienes, con argumentos de peso, defienden el denominado Juancarlismo y la Monarquía Parlamentaria como sistema político idóneo para España. Cierto es que ahora se conocen a más republicanos porque se ven impulsados por el desagradable olor ambiental propiciado por el yerno de S.M. El Rey. Oportuno es sentirse republicano ahora, como incómodo resulta, también, declararse -tal y como lo hago yo- abiertamente monárquico. Sólo unos pocos de unos y otros permanecemos fieles a nuestras creencias por encima de vaivenes e intereses momentáneos, coyunturales o circunstanciales. Es lo que tiene ser republicano o monárquico coherente. Respecto de los argumentos sobre los que construimos nuestras adhesiones, pretendo escribir para intentar ordenar mis ideas y desmontar las razones que impulsan las posiciones republicanas más oportunistas. Intento hacerlo desde el punto de vista de la imagen y la comunicación pero no puedo dejar de un lado, también, el corazón, lugar en el que residen, según los filósofos griegos, las emociones y las pasiones. Don Juan Carlos y sus méritos.
Nadie puede negar méritos a S.M El Rey. De hecho, hoy vivimos está denominada normalidad democrática gracias a su actuación decisiva el 23.02.1981. Esta sola actuación vale por todo un reinado y viene a justificar, también, las adhesiones Juancarlistas incluso de históricos confesos republicanos. 
El anterior es reconocido de forma intencionada como el único gran mérito de D. Juan Carlos aún cuando tiene muchísimos más que no han sido difundidos por intereses del partido de turno en el poder y la poco acertada política informativa de la propia Casa de S.M El Rey. Es innegable que D. Juan Carlos como Rey ha prestado innumerables e impagables servicios a España. Sé de lo que hablo. La opacidad informativa de hechos de trascendencia, propiciada por intereses políticos y admitida por los altos funcionarios de la Casa de S.M han hecho un flaco favor a la institución y, desde luego, la aparición de los miembros de la Familia Real en momentos mediáticos de tono rosado han venido cimentando la imagen Real sobre percepciones erróneas e insustanciales. Los servicios reales que D.Juan Carlos ha prestado a España permanecen aún escondidos y silenciados y este es, creo yo, un error profundo de comunicación Real. El caso del yerno innombrable
Que el yerno del Rey no lo ha hecho bien es innegable; que por ser yerno del Rey -y haber hecho un uso inmoral de su privilegiada posición- su condena debiera ser el triple de lo que a cualquier ciudadano le correspondiese, también es cierto. Pero que por ello se venga a juzgar el valor de la monarquía y la figura del Rey me parece una fina manipulación provocada por mentes interesadas. Reconozco que ellos han visto una oportunidad única y que nosotros no hemos sabido contrarrestar -aunque se admita un cierto grado de culpabilidad- el negativo impulso mediático de un yerno desleal y, por lo que parece, delincuente. 
De nada a servido un momentáneo destierro americano porque nada se puede ocultar a la opinión pública por tiempo infinito. Todo sale a la luz tarde o temprano y especialmente si lo ocultado afecta a los intereses de lobbies anti-monárquicos. Craso error fue ocultar con la lejanía una conducta tan deshonesta. La herencia Real
Nos hemos rasgados las vestiduras porque el Rey heredó, después de varios siglos de monarquía española, mil millones de pesetas. Hago un paréntesis aquí para destacar (pincha sobre el link en azul) cómo determinados medios de comunicación han subrayado los 1.000 millones de pesetas y no los 6 millones de €uros. Es lo mismo pero, desde el punto de vista de la percepción pública, no es igual 6 que 1.000. Sin embargo, tendríamos que preguntarnos cómo los Pujol han movido 32,4 millones de €uros -o lo que es los mismo unos 5400 millones de pesetas- desde 2004 y 2012 cuando el Sr. Pujol solo ha vivido en los últimos treinta años de la política. Sorprende cómo Jordi Pujol Ferrusola ganó 12,7 millones de €uros con una empresa de mármoles y un solo empleado. Otros se bañan en millones de €uros procedentes de los Bárcenas de turno y un desgarra-mantas sindicalista se hace, en diez años, con 13,6 millones de euros y 16 viviendas con fondos de ERE mientras que los responsables políticos que no lo impidieron siguen sentados en sus poltronas amparados en la inmunidad de su cargo y sostenidos por la legitimidad de inútiles comisiones de investigación que pretenden lavar la imagen de los responsables reales y que, además, no convencen a nadie. 
Aún así ¿criticamos que el Rey haya heredado esa cantidad legítimamente?. Ahora nos interesa saber mucho de lo mal que lo ha hecho el Rey con su herencia pero se nos olvida poner el punto sobre las íes de los políticos. ¿No será que es fácil y rentable -mediáticamente hablando- utilizar la debilidad de la imagen del Rey para soslayar el latrocinio de muchos y la connivencia de otros? Relación coste/beneficio-monarquía/república
Algunos ignorantes hacen alusión al alto coste de la monarquía desconocedores de que la española es la más barata. En primer lugar compárenla con los gastos que genera cualquier república europea y háganlo también con las monarquías de nuestro entorno. Se sorprenderán de lo barato que nos sale el Rey y la Casa de S.M. El Rey. ¿Alguien cree que con una república desaparecerían los recursos que se ponen a disposición del Jefe del Estado o, por el contrario, aumentarían?. En este tema, hay mucha información tendenciosa y mucha ignorancia. Repito IGNORANCIA. El recurso cómodo: Puedo sustituir a un Presidente pero no al Rey Cierto es, pero sólo a medias. Todo se puede sustituir. Las ventajas que tiene una monarquía encarnada por personalidades como la del Rey es que los contactos, el respeto , la credibilidad y la reputación internacional se generan después de decenas de años de trabajo y con un anhelo de servicio que se imprime desde niño. Desde pequeño se asume un papel de imparcialidad y se es educado en el arte de la diplomacia internacional, circunstancias que ni por asomo le ocurre a un presidente de república. Nos quejamos de la ignorancia en materia de idiomas de nuestros Presidentes de Gobiernos y rechazamos a quienes desde su nacimiento están preparándose para liderar naciones. A más abundancia, mientras que un Rey arbitra, un presidente de república defenderá siempre sus intereses de partido por los que se verán siempre influenciado. Podremos cambiar a un Presidente cada cuatro años y después otra vez más de los mismo. El Príncipe de Asturias
Tenemos al Príncipe mejor preparado de Europa que además lo ha sido desde su niñez, que tiene un profundo amor a España, un extremado sentido de la responsabilidad y es ejemplo a seguir. Muchos afirman que la abdicación de S.M. El Rey sería la solución pero el Rey aún tiene mucho que decir y hacer y solo cuando le falten las fuerzas, abdicará gustoso. Veremos a un nuevo Rey de España pero quizá con el respaldo de otra legislación -aún no promulgada- que será consensuada por los que realmente detentan y ostentan el poder: los políticos. Tendremos un nuevo Rey rodeado de un pequeño grupo de personas que, además de lealtad, sabrán preservar la imagen Real más allá del corto plazo. La imagen de Doña Letizia La figura de Doña Letizia es tan notoria como controvertida. No parece que guste ni a los monárquicos más recalcitrantes -que reprochan al Príncipe su matrimonio con una plebeya- ni a los republicanos que no desean ver, en ningún caso, a la nieta de un taxista como futura Reina. Precisamente su condición de nieta de taxista debiera contentar a unos -porque así se acerca más la monarquía a la sociedad y mejora su imagen pública- y a otros porque se pone la monarquía al alcance de cualquier españolito de a pié. Caso y cosa diferente es que la figura de Doña Letizia y su imagen se haya gestionado acertadamente. Si no piensas como yo, atiende a mi argumento: No hay ni un solo heredero de corona europea -también hay Reyes- que no se haya casado con un/una plebeyo/plebeya y sin embargo tod@s gozan de una imagen en sus respectivos países con índices de aceptación altos. En España no se ha podido o no se ha sabido comunicar eficazmente la imagen de la Princesa de Asturias. En el Reino Unido se ha fortalecido la imagen Real con Kate Middleton y, en Holanda, Máxima Zorreguieta es adorada por la sociedad. Algo no ha funcionado con el impulso mediático que debiera haber propiciado Doña Letizia. Sin embargo, yo confío en ella y afirmo que lo está haciendo bien pero reconozco que pudiera ser fruto de mi percepción particular. Imagen, comunicación y RR.PP Reales
Por parte de los diferentes grupos de interés se utiliza ya cualquier pequeño detalle para menospreciar al monarca y a la monarquía. Desde la indumentaria de la Princesa de Asturias hasta el reportaje fotográfico de sus hijas, todo es criticado. Lo es aún cuando todas esas acciones mediáticas son lícitas y necesarias en tanto que conforman, como sumatorio de detalles, las campañas de imagen y relaciones públicas a que tanto la institución como las personas que la integran tienen perfecto derecho. Lo criticable, desde mi modesto punto de vista, es que la política de imagen y comunicación Real sea reactiva. Lo reprochable es la falta de proactividad en la planificación estratégica, en la utilización de técnicas modernas de marketing, imagen, comunicación y publicidad. A lo anterior, se suma lo que algunos denominan " necesidad de una profunda regeneración en las personas que prestan sus servicios a La Corona" Cierto es que los que han trabajado y trabajan para el Rey lo hacen con innegable e intachable lealtad pero es manifiesto que también con notable ineficacia en lo que a la consecución de altos índices de aceptación pública se refiere. Las personas son sustituibles cuando no cumplen las expectativas. Las instituciones, adaptadas al cambio provocado por las necesidades sociales, si es que sirven al interés común, deben trascender. He dicho. |